Besos
(Tribuna Universitaria, 4 de octubre de 2004)
La facultad siempre suena a beso después de las vacaciones. Al doblar la navideña esquina del invierno, tras la semana santa, volviendo del verano en bicicleta o en metro o en globos aerostáticos; cada retorno suena a beso, a beso de sorpresa con alfombra de preguntas verdes, a beso con café, pincho y periódico, a beso con dudas sólo un poco razonables, a beso con segundas, terceras y décimas, a besos en escabeche y en su tinta, pero sobre todo a beso de bienvenida.
Así que esta semana se pueden encontrar besos patinando por los pasillos recién encerados, subiendo las escaleras, bajando de las alturas y tropezando con los nuevos, a quienes en secretaría ni siquiera han ofrecido un mísero abrazo con el que arroparlos en su primer día. Besos en color y en blanco y negro, en los despachos, desde el micrófono y frente a la ventana. Besos escritos con tiza en las pizarras y en las paredes, volando sobre las barandillas, de puntillas y con ganas.
A pesar de su dulzura, habrá quien los reciba de mala leche. Suele ser el caso del decano, aterido por los años, que opinará al momento que su facultas queda demasiado sucia con tanto beso esparcido. Habrá otros que los miren pasar con envidia esperando un autobús para el trabajo, habrá quien trate de atraparlos al vuelo y acabe de espaldas contra esta columna y también quien los esquive como si fueran proyectiles.
Mientras tanto, la facultad seguirá sonando a besos que entrarán en las clases y revolotearán sobre los apuntes de los profesores que traten de entrar en materia, se colarán en las carpetas firmando como anónimo, sacarán de sus casillas a los empleados de la limpieza y reirán con los chistes de nuestro bedel preferido, hasta que finalmente lleguen a la cafetería, donde habitarán el resto del año entre las mesas hasta convertirse en besos de despedida.
A los que no hayan sido recibidos con un beso al volver a clase, uno fuerte desde este rincón del mundo. A aquellos que ya tengan su ración cubierta, la felicidad os persigue, así que caminad de espaldas para que no os pierda de vista. A todos, sin excepción, bienvenidos.
La facultad siempre suena a beso después de las vacaciones. Al doblar la navideña esquina del invierno, tras la semana santa, volviendo del verano en bicicleta o en metro o en globos aerostáticos; cada retorno suena a beso, a beso de sorpresa con alfombra de preguntas verdes, a beso con café, pincho y periódico, a beso con dudas sólo un poco razonables, a beso con segundas, terceras y décimas, a besos en escabeche y en su tinta, pero sobre todo a beso de bienvenida.
Así que esta semana se pueden encontrar besos patinando por los pasillos recién encerados, subiendo las escaleras, bajando de las alturas y tropezando con los nuevos, a quienes en secretaría ni siquiera han ofrecido un mísero abrazo con el que arroparlos en su primer día. Besos en color y en blanco y negro, en los despachos, desde el micrófono y frente a la ventana. Besos escritos con tiza en las pizarras y en las paredes, volando sobre las barandillas, de puntillas y con ganas.
A pesar de su dulzura, habrá quien los reciba de mala leche. Suele ser el caso del decano, aterido por los años, que opinará al momento que su facultas queda demasiado sucia con tanto beso esparcido. Habrá otros que los miren pasar con envidia esperando un autobús para el trabajo, habrá quien trate de atraparlos al vuelo y acabe de espaldas contra esta columna y también quien los esquive como si fueran proyectiles.
Mientras tanto, la facultad seguirá sonando a besos que entrarán en las clases y revolotearán sobre los apuntes de los profesores que traten de entrar en materia, se colarán en las carpetas firmando como anónimo, sacarán de sus casillas a los empleados de la limpieza y reirán con los chistes de nuestro bedel preferido, hasta que finalmente lleguen a la cafetería, donde habitarán el resto del año entre las mesas hasta convertirse en besos de despedida.
A los que no hayan sido recibidos con un beso al volver a clase, uno fuerte desde este rincón del mundo. A aquellos que ya tengan su ración cubierta, la felicidad os persigue, así que caminad de espaldas para que no os pierda de vista. A todos, sin excepción, bienvenidos.
Escrito por el_hombre_que a las 22:32

5 Comments
¿Qué fue de Gaudeamos Igitur que hacía compañía a los lunes de trapo?
Hasta donde yo sé, José Antonio Vaca, que era quien realizaba la tira, se licenció el curso pasado, y dio por finalizada la sección, por lo menos en lo que a Tribuna Universitaria respecta (y creo que no continúa con la labor en ningún otro medio). Creo que acaba de editar un libro con lo que ha ido publicando estos años, pero para saber algo más de ello tendrías que consultárselo a él mismo o preguntar en Tribuna Universitaria (redaccion@tribunauniversitaria.es o en los teléfonos que vienen en el periódico).
Muchas gracias por la respuesta. Pero que los Lunes de Trapo se mantengan... ¿si?
Mientras me aguantéis, seguirán. Ah, y este año todas las semanas.
Te lo habré dicho tropemil veces, pero creo que esta es la primera columna que te leí.
:)
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